"Too many guys think I'm a concept or I complete them or I'm going to make them alive, but I'm just a fucked up girl who is looking for my own peace of mind. Don't assign me yours."

viernes, abril 11, 2008

Modernidad y televisión: de las series sólidas a las series líquidas


Las series de televisión de antes, hasta fines de los ’80 principios de los ’90, eran tautológicas, racionales, binarias. El héroe y el villano estaban delicadamente recortados y antinómicamente enfrentados, cada capítulo tenía su principio y su final, los personajes no tenían otra forma que la que les otorgaba su lugar en el imaginario enfrentamiento entre el bien y el mal. No había capítulos dobles, ni misterios por resolver, ni finales de temporada inciertos. Eran circulares, se explicaban por la ley de causalidad y, quizás por ello, siempre eran iguales a sí mismos, pura repetición. La repetición era lo que “enganchaba” al espectador, como una suerte de fort da freudiano: eran, usando la metáfora de Bauman, sólidos. En 1993, en plena transición globalizada hacia la modernidad líquida, se estrenaba Expedientes secretos X cuyas nueve temporadas culminaron en 2002. La lucha entre lo sólido que moría y lo líquido que aún no terminaba de nacer puede ser ejemplificada en esa disputa entre la sólida agente Scully (científica, racional, ilustrada, médica) y el líquido agente Mulder (práctico, irracional, abierto a todas las posibilidades, cuestionador de la “ciencia”): ganó la liquidez cuando los aliens casi transforman a Scully en uno de ellos. Expedientes Secretos X inició un nuevo discurso televisivo en el género “series”: personajes misteriosos, difusa distinción entre los “buenos” y los “malos”, personajes que simulaban ser lo que no eran, imposibilidad de distinguir fronteras usando lentes binarias, “temporadas”, “continuaciones”, y “vida privada” que había que “interpretar”: pura hermenéutica. En esa transición la tecnología tuvo mucho que ver. Los antiguos “clubs de fans” se convirtieron en blogs, foros, páginas interactivas de Internet, merchandaising, convenciones, mensajes de texto, dispositivos todos que generaban un particular efecto de realidad que hacía difuso al actor y los guionistas, y otorgaba estatus de sujeto a los personajes de la ficción. Cultura y simulacro diría Baudrillard. Hoy, en tiempos de “precuelas” antes que “secuelas”, en tiempos donde el filósofo empirista David Hume se sentiría como niño con juguete nuevo, donde Lost se convierte en el nuevo discurso televisivo de masas que refracta la realidad ambigua, líquida, borrosa, impredecible, en la que nos sentimos “parte” de las vicisitudes de los náufragos de la sinrazón, vaya el homenaje a Expedientes Secretos X, un texto televisivo que en realidad no reflejó el cambio de época sino que, tal vez, fue una de sus superficies de emergencia.


Luis Fanlo

Doctor en Ciencias Sociales y Sociólogo (UBA)





1 comentario:

Luis Fanlo dijo...

Gracias laU por darme el espacio en tu Blog cuando aún no tenía el mío. Por algo sos mi constante.

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