En éste blog hacemos honor a Benjamin Linus!

Te queremos Ben!!!!
"Too many guys think I'm a concept or I complete them or I'm going to make them alive, but I'm just a fucked up girl who is looking for my own peace of mind. Don't assign me yours."

Las series de televisión de antes, hasta fines de los ’80 principios de los ’90, eran tautológicas, racionales, binarias. El héroe y el villano estaban delicadamente recortados y antinómicamente enfrentados, cada capítulo tenía su principio y su final, los personajes no tenían otra forma que la que les otorgaba su lugar en el imaginario enfrentamiento entre el bien y el mal. No había capítulos dobles, ni misterios por resolver, ni finales de temporada inciertos. Eran circulares, se explicaban por la ley de causalidad y, quizás por ello, siempre eran iguales a sí mismos, pura repetición. La repetición era lo que “enganchaba” al espectador, como una suerte de fort da freudiano: eran, usando la metáfora de Bauman, sólidos. En 1993, en plena transición globalizada hacia la modernidad líquida, se estrenaba Expedientes secretos X cuyas nueve temporadas culminaron en 2002. La lucha entre lo sólido que moría y lo líquido que aún no terminaba de nacer puede ser ejemplificada en esa disputa entre la sólida agente Scully (científica, racional, ilustrada, médica) y el líquido agente Mulder (práctico, irracional, abierto a todas las posibilidades, cuestionador de la “ciencia”): ganó la liquidez cuando los aliens casi transforman a Scully en uno de ellos. Expedientes Secretos X inició un nuevo discurso televisivo en el género “series”: personajes misteriosos, difusa distinción entre los “buenos” y los “malos”, personajes que simulaban ser lo que no eran, imposibilidad de distinguir fronteras usando lentes binarias, “temporadas”, “continuaciones”, y “vida privada” que había que “interpretar”: pura hermenéutica. En esa transición la tecnología tuvo mucho que ver. Los antiguos “clubs de fans” se convirtieron en blogs, foros, páginas interactivas de Internet, merchandaising, convenciones, mensajes de texto, dispositivos todos que generaban un particular efecto de realidad que hacía difuso al actor y los guionistas, y otorgaba estatus de sujeto a los personajes de la ficción. Cultura y simulacro diría Baudrillard. Hoy, en tiempos de “precuelas” antes que “secuelas”, en tiempos donde el filósofo empirista David Hume se sentiría como niño con juguete nuevo, donde Lost se convierte en el nuevo discurso televisivo de masas que refracta la realidad ambigua, líquida, borrosa, impredecible, en la que nos sentimos “parte” de las vicisitudes de los náufragos de la sinrazón, vaya el homenaje a Expedientes Secretos X, un texto televisivo que en realidad no reflejó el cambio de época sino que, tal vez, fue una de sus superficies de emergencia.
Luis Fanlo
Doctor en Ciencias Sociales y Sociólogo (UBA)
Cuando una serie de televisión propone distintas y contradictorias interpretaciones, abre polémicas y desata pasiones es porque algo nos está diciendo sobre el mundo social en el que estamos inmersos. Nos dice algo sobre nuestras sociedades actuales y nos dice algo a quienes no somos otra cosa que los nudos constituyentes de ese mundo social. En Dexter el discurso está hecho imágenes que nos hacen ver, escuchar, pensar, en el revés de la trama de lo que llamamos realidad social, poniendo al descubierto los intrincados simulacros que sostienen las apariencias sobre las que está construida la cotidianeidad. Dexter no nació tal como es, no es un error "genético" ni una anormalidad relegada a las clasificaciones de lo sustancialmente diferente. Dexter no es otra cosa que un producto de las formas en que los sujetos son fragmentados, como los cuerpos, por una modernidad cuestionada en sus pretensiones de universalidad. En mi interpretación, Dexter constituye una radical aproximación crítica, puesta en imágenes, de la crítica filosófica contemporánea acerca de lo que es un sujeto. Y la perspectiva de esa crítica se enfoca en el protagonista excluyente de la serie que es el cuerpo. ¿Qué es un cuerpo? ¿Qué es lo que puede un cuerpo? ¿Quién es ese oscuro pasajero que todos llevamos dentro? ¿Cómo lo social se hace cuerpo? La realidad está allí, al desnudo, pero no podemos verla agobiados por las sujeciones que nos imponen las estructuras mentales adquiridas y a través de las cuales nos hacemos "normales". Estructuras mentales que no son otra cosa que estructuras sociales in-corporadas. Dexter nos propone un viaje hacia las zonas oscuras de la modernidad, y su principal mérito es mostrarnos que esa oscuridad no nos es ajena y que, en muchas formas, ese oscuro pasajero que habita en Dexter no es lo que lo hace diferente a cualquiera de nosotros. Vivimos en una sociedad aberrante que simula que las aberraciones están afuera y Dexter, pensando y actuando desde ese afuera, no hace otra cosa que mostrarnos que la trasgresión no está más allá sino más acá del límite entre la realidad social y lo Real.
Luis Fanlo
Doctor en Ciencias Sociales y Sociólogo (UBA)


