"Too many guys think I'm a concept or I complete them or I'm going to make them alive, but I'm just a fucked up girl who is looking for my own peace of mind. Don't assign me yours."

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jueves, junio 18, 2009

Idea Vilariño









Idea Vilariño nació en Montevideo el 18 de Agosto de 1920, y falleció el 28 de Abril de 2009. Poeta, ensayista y critica literaria, fue junto a autores como Mario Benedetti o Juan Carlos Onneti, miembro de la denominada Generación del 45 en Uruguay.

Cada uno de sus poemas, cartas o diarios (textos que pueden encontrarse en el libro "Idea: la vida escrita") proponen un viaje interno hacia el corazón de esta mujer, que pareciera solo podía escribir textos tan maravillosos solo cuando estaba triste, y que fue amante de Juan Carlos Onetti. Una relación de amor y odio, la unió al escritor uruguayo por años y la marcó para siempre. Todos los poemas de Vilariño tenían siempre el mismo destinatario: él.

Idea nunca pretendió hacerse famosa ni usar su nombre para ello, huía a sus editores y se mantenía en silencio. Solo en 1997 accedió a una entrevista a Rosario Peurou y Pablo Rocca.

Este año, esta hermosa mujer dejó el mundo, un vacío más en la literatura latinoamericana. Es que Idea era poesía pura, no solo lo que escribía, sino cada una de las palabras que uno encontrará de ella son la expresión más grande de poesía, así como lo era su vida.

Es que la poesía debe ser bella, atrapante, y con cierto dejo de tristeza. Idea era igual a su poesía.



"Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera."










lunes, mayo 18, 2009

Primavera con una esquina rota

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"De modo que no tengo respuesta a ninguna pregunta tuya, simplemente porque carezco de tus preguntas. Pero yo sí tengo preguntas. No las que vos ya sabés sin necesidad de que te las haga, y que, dicho sea de paso, no me gusta hacerte para no tentarte a que alguna vez (en broma, o lo que sería muchísimo más grave, en serio) me digas: "Ya no". Simplemente quería preguntarte por el Viejo. Hace mucho que no me escribe. Y en este caso tengo la impresión de que no hay ninguna otra causa para la no recepción de cartas. Sólo que hace mucho que no me escribe. Y no sé por qué. Repaso a veces (solo mentalmente, claro) lo que recuerdo haberle escrito en alguno de mis breves mensajes, pero no creo que haya habido en ellos nada que lo hiriera. ¿Lo ves a menudo? Otra pregunta: ¿como le va a Beatriz en al escuela? En su última cartita me pareció notar cierta amigüedad en sus datos. ¿Te das cuenta que te extraño? Pese a mi capacidad de adaptación, que no es poca, ésta es una de las faltas a las que ni mi ánimo ni mi cuerpo se han acostumbrado. Al menos, hasta hoy. ¿Llegaré a habituarme? No lo creo. ¿Vos te habituaste?"






En memoria de Mario Benedetti, que ayer ha dejado este mundo, para irse a aquel otro, donde están aquellos que ya se han ido, y que como Mario, nos han entregado la magia de la literatura.


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viernes, marzo 06, 2009

Soy leyenda








ATENCIÓN: Aquí se revelan datos del film como del libro original




En el año 2007 se estrenaba la película "Soy leyenda" protagonizada por Will Smith, recuerdo haber ido a verla al cine, como también recuerdo que me había gustado mucho. Su historia se centraba en la vida de Robert Neville, sobreviviente de este extraño suceso que había transformado a la humanidad en seres parecidos a vampiros, y como sobrevive en su soledad solo con la compañía de su perro.

Pero hace unas semanas tuve la posibilidad de conseguir el libro, en el cual está basado el film, y la imagen que tenía de la cinta, cambió completamente. Siempre se presentan problemas o variaciones al adaptar un libro a la pantalla grande, en la mayoría de los casos está regido principalmente por el fracaso frente a la obra original. En este caso, el maravilloso libro de Richard Matheson no tiene punto de comparación con la película, y lo que es aún más terrible, no tiene relación alguna.

La historia sí, es la misma. Un hombre solo que sobrevive a la catástrofe y lucha por sobrevivir. Pero el libro da una visión completamente diferente. Aquí el protagonista no es ningún científico, ni su familia muere en un helicóptero ni se encuentra al final con los otros sobrevivientes. Aquí, Robert, es un ser común, que ha tenido que cargar con el peso de que su familia y todo lo conocido por el, se transformen en estos seres extraños que ansían restos humanos. Un hombre ordinario, que hace lo posible dentro de sus capacidades, para entender que es lo que pudo haber sucedido, y estudia libros, elabora hipótesis sin ser un científico ni nada que se le parezca.

"Soy leyenda" es un libro que habla sobre la soledad, sobre ver como todo lo que amamos y nos rodea se desmorona. Trata sobre seguir adelante en un mundo oscuro, peligroso y como esa soledad transforma a su protagonista en otra persona, donde matar al enemigo es su única misión. Y allí, siempre presente el instinto de supervivencia.

Creo que esta novela, considerado un clásico de la literatura de ciencia ficción, es excelente por varias razones. Su trama es atrapante, su personaje es apasionante pero principalmente Matheson logra dar una explicación al por qué de este cambio en las personas, que resulta creíble y hasta en cierto modo, posible. Porque la realidad es que se hicieron muchas películas sobre este tema, pero ninguna, como hace el libro, intenta buscar una explicación lógica o científica de porque sucede todo.

El ser humano evoluciona, lo ha hecho durante años y lo sigue haciendo. El libro plantea esto, como también plantea un dilema frente a qué es lo normal y lo anormal, y quién o qué lo determina.

Mientras en el film, el protagonista de transforma en "leyenda" por encontrar una cura, aquí la historia es completamente diferente. El hecho de transformarse en una leyenda reside en que es el único en su especie, porque aquellos que están del otro lado, han evolucionado, han decidido formar su propia sociedad y Robert resulta ser el último hombre de la "antigua especie humana"; y se transforma en el "malo" que ha matado a los familiares de esta raza superior que ha evolucionado y que decide establecer un nuevo orden.

Recomiendo la lectura de este libro, que más allá de ser una historia de ficción, habla del ser humano, de aquellos instintos que nos caracterizan, del deseo de no sentirnos solos, y de la necesidad del cambio para poder sobrevivir.



"Neville los observó serenamente. Y de pronto comprendió. Yo soy el anormal ahora. La normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de un solo hombre."







viernes, febrero 13, 2009

25 años sin Julio







Ayer, 12 de febrero, se cumplieron 25 años de la muerte del mejor amigo de éste blog, del cronopio más grande: Julio Cortázar.

Para mi, Julio Cortázar es el escritor más grande de la literatura en habla hispana. Para mi, Julio, ha sido una influencia grandísima, aprendí a quererlo, a entenderlo, aprendí a seguir sus pasos a través de sus obras, de sus entrevistas, sus palabras. Por eso, así como sucedió en todo el mundo, yo también quiero recordarlo en este blog.

Será que me lo imagino en el cielo, junto a Carol, saltando eternamente en una Rayuela, pero desviando la mirada hacia nosotros y emocionado por ver que su obra está presente, y que a 25 años de su muerte, se lo recuerda tanto y que tiene un lugar en el corazón de muchos y en la historia de la literatura.









sábado, julio 19, 2008

El Sueño de los Héroes




Ayer terminé de leer el Sueño de los Héroes, de Adolfo Bioy Casares. Hacía tiempo que no me pasaban dos cosas y que este libro me provocó: por un lado, esa sensación de no querer terminar el libro.. estaba ansiosa por saber su desenlace, pero es tan maravilloso que no quería terminarlo, retrasaba su final, y por otro lado, el hecho de terminar de leerlo y quedarme pensando, reflexionando, releyendo. Se apoderó de mi mente por un buen rato, y lo sigue haciendo.

Me adentré en la historia de Emilio Gauna, que busca revivir las tres noches de carnaval del '27, tres años después, para recuperar los eventos de aquellas noche que no puede recordar, para encontrar aquella máscara de la cuál se había enamorado.

¿Se puede revivir el pasado? Claramente no. ¿Pero se puede escapar al destino?, la respuesta es la misma. Emilio había sido rescatado de su muerte, pero algunas cosas son inevitables. Ni la magia ni el amor de Clara iba a poder desviarlo, otra vez, del destino que le correspondía.
Lo cuál me hace pensar, no en los errores del pasado, sino en esa necesidad de querer revivir algunas cosas. ¿Por qué no entregarse al presente, al amor de su mujer, a la amistad de su fiel amigo Larsen? Quizá porque para Emilio no podía haber otro final, que encontrarse frente al cuchillo de Valerga, no podía haber otro final más que el de ser un héroe.



"En el futuro corre, como un río, nuestro destino, según lo dibujamos aquí abajo.
En el futuro está todo, porque todo es posible.
Allí usted murió la semana pasada y allí está viviendo para siempre"











viernes, mayo 16, 2008

Lluvia



Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos. Todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos dos sombras y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Intima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.











Raúl Gonzalez Tuñón




martes, mayo 13, 2008

Carta ll

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro
recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti
no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti
ya hace una hora
tal vez media
no sé.
Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.
Iré a cenar
es claro.
Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán como ahora
te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la única cosa
que me importa en el mundo.





Idea Vilariño




viernes, agosto 18, 2006

Cortázar por García Marquez

"Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados.
A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible.
Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo.
Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer.
Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón.
Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados - El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: "Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigília.". Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez.
Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. En alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elogías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo."


Gabriel García Marquez










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Mi historia con J. Cortázar es rara.. quizá complicada. Sé que costó que entrara en mi vida, quizá no empecé por el lugar indicado.. pero encontré su camino, creo que logré encontrarme con él.. y terminó transformándose en un amigo.. Mi amigo Julio.




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